Halloween
Cuenta la historia que un grupo de amigas, un poco atolondradas todas ellas, decidió celebrar Halloween en el cementerio.
Prepararon sus mochilas con el bocata, la linterna, un par de mantas y algunas botellas de Jack Daniels, que eran muy pijas todas ellas y el garrafón les sentaba mal.
Sentadas entorno a la tumba de Don Mariano Ventura (al que ninguna de ellas conocía personalmente, no fuera que se levantara el abuelo de alguna y le echara la bronca) intentaban invocar a su espíritu para charlar un rato y preguntarle las predicciones de la quiniela si es que los del más allá sabían de esas cosas.
Tras varios esfuerzos en vano hicieron una pausa porque Martita, que así se llamaba la muchacha, se estaba haciendo pis. Martita pidió a su mejor amiga Clara (Sí, como en Heidi) que fuera con ella, pues es bien sabido que las niñas de bien nunca van solas al baño.
Mientras Martita decidía sobre que tumba quería orinar oyeron un aullido, seguido de unos gritos, los de sus compañeras que las esperaban frente a la vieja tumba de Don Mariano.
Para cuando llegaron ya no había nadie, solo un rastro de sangre en el suelo.
-¿y que haremos ahora? -preguntó Clara -¿vamos a buscarlas?
-No tonta, seguro que están bien -contestó Martita-Ven, vamos a darle al güisqui, que nuestro dinero nos ha costao.
Moraleja: en un botellón no te fies ni de tus amigas.